Una recopilación de abrazos

Querido coronavirus (o no tan querido):

Me has hecho pensar, casi obsesivamente, en los abrazos.

Lo de mi sobrino, por ejemplo, no es un abrazo, es un ataque ninja. Le gusta tomar impulso, saltar y pegarse como una garrapata, con brazos y piernas, a mi flacucho cuerpo, y terminar con un beso en la mejilla.

Cuando abrazo a mi papá, su pancita me bloquea un poco la fuerza del abrazo, pero me reconforta esa gordurita que le aprieta los botones.

Cuando abrazo a mi hermana recuerdo los abrazos de mi mamá, con esa calidez y esa alegría de verme como si lleváramos mil años separadas.

Cuando mi mejor amiga me abraza, me deja unos segundos la mano en la espalda y a mí, eso me recuerda el amor de los amigos que es un hogar.

Mi cuñado no me abraza, me pone el puño y yo le pongo el mío, y así yo sé que igual nos queremos.

Y entonces, también, uno se acuerda de abrazos que le han dado en aeropuertos, al bajarse de un taxi, al conocerse por primera vez, al abrir una puerta, al despedirse, al recibir un libro firmado; abrazos de abuelos altos, abrazos de abuelas bajitas.

Una vez me abrazaron y me levantaron y me giraron hasta el mareo, como en una película francesa, y yo me sentí muy amada por ese ser al que también amaba.

Y así voy haciendo una recopilación de abrazos, actuales y pasados, esperando que los futuros (de un futuro no muy lejano) sean más sentidos, más amorosos, más sinceros, más impulsivos, menos racionales; más profundos, que permitan escuchar el corazón del otro.

Que sean, sueño yo, abrazos que se lancen como ninjas.

Paola Cardona

 

Paola A

@territoriodeletras

 

 

 

Melina Ilustradora

Melina Palacio

 

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